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jueves, 15 de agosto de 2013

La devocion de Federico

El poeta universal conoció de cerca nuestra Semana Mayor y la amó. Visitó Sevilla por última vez en 1935. Rezó, a su manera, ante la Virgen de la Estrella, ante el Gran Poder, ante las Esperanzas… El afecto por La que estaba en San Gil le llegó a través de su gran amigo y casi hermano Ignacio Sánchez Mejías. Conocemos este último viaje de Federico a Sevilla a través del relato novelado que ha realizado Manuel Reina en ‘Los amores oscuros’. La obra aborda los últimos años de Federico junto a su último amor, Juan Ramírez de Lucas, el crítico literario que mantuvo en secreto aquella relación durante más de sesenta años.

Tras su muerte hemos conocido la existencia de sus diarios, en los que según Reina, se refleja aquella experiencia del autor de Yerma en la Semana Santa de Sevilla.

Federico García Lorca viene en abril de 1935. El Domingo de Ramos de aquel año coincide con el 14 de abril, fecha de aniversario de proclamación de la II República. Acuden a la capital tras ser invitados insistentemente por Joaquín Romero Murube. Siempre según la narración de ‘Los amores oscuros’, llegan a Sevilla el Sábado de Pasión por la mañana, tras hacer una noche de camino en coche. Los compañeros de viaje eran Juan Ramírez de Lucas, su hermano Otoniel, la novia de éste y el poeta. En el relato Juan, natural de Albacete, se deslumbra con Sevilla: ‘…me pareció la ciudad más hermosa del mundo, dorada y blanca, envuelta en olor de azahar y naranjos, de luz ambarina, de incienso y calor.’ Por mediación de Romero Murube se alojan en el Alfonso XIII, renombrado en los años republicanos como Andalucía Palace. Y también debió ser muy parecida al relato la impronta que dejó en el poeta el barrio de Triana. “Romero Murube nos llevó a almorzar a un lugar muy divertido, pasado el puente de Triana, donde comer el característico pescadito frito con unos vinos finos y la gastronomía de la tierra en la que no podían faltar las torrijas”. Allí, Murube explica a sus invitados que por fin en aquella primavera podrían salir todas las cofradías después de unos años de altibajos y atentados contra las iglesias y las imágenes. Les cuenta cómo han quemado a la Virgen de la Hiniesta de Montañés, entre otras atrocidades cometidas durante los primeros meses de la República. Murube atribuía al Gobierno más católico de la CEDA el que este año pudieran salir todas las hermandades y no se volvieran a repetir los altercados y sabotajes como a la Virgen de la Estrella.

Joaquín Romero Murube, Jorge Guillén, Federico García Lorca y Pepe Bello en una fiesta campera en la finca de Murube
Joaquín Romero Murube, Jorge Guillén, Federico García Lorca y Pepe Bello en una fiesta campera en la finca de Murube


Lorca y Murube se enzarzan en una discusión sobre los buenos y malos de la futura contienda. Para huir de las etiquetas, el poeta narra a su amigo como Sánchez Mejías, torero señalado como altamente progresista y acusado de relacionarse con el ámbito de la cultura, esconde a la Esperanza Macarena en la tumba de Joselito con una carretilla y disfrazado de marmolista. El autor de la novela afirma que el episodio que la narración que pone en boca del poeta está basado en los textos del propio Sánchez Mejías, aunque el principal biógrafo del torero poeta Andrés Amorós encuadra esta historia en el terreno de la leyenda.


La Estrella en la calle / ABC DE SEVILLA
La Estrella en la calle / ABC DE SEVILLA

Lorca en Triana, con la Estrella

Para relajar la conversación, el grupo inicia un paseo. Cruza el puente de Isabel II y deambula por el barrio de Santa Cruz, los Alcázares y el parque de Maria Luisa. Según el autor Manuel Reina, ‘cuando te sumerges en la personalidad de Federico te das cuentas que era muy cercano a nosotros. Era conocedor de los piques habidos entre la Semana Santa de nuestra ciudad y la de otras ciudades. Escribe algunas composiciones flamencas, poemas que algunos relacionan con el Gran Poder’:

Cristo que pasa
de lirio de Judea
a clavel de España



Reina narra que el Domingo de Ramos este grupo de recién estrenados capillitas, con Romero Murube como cicerone llega a San Jacinto. Acuden a ver a la Virgen de la Estrella. Gracias a la influencia de Murube pueden entrar en la iglesia conventual: ‘…les llama la atención la delicadeza de sus rasgos, en los que sí aparecía claramente la mano femenina y casi amorosa de aquella escultora barroca a la que señalaban como su autora: la Roldana”. Reparan también en la presencia de los otros dos pasos de la hermandad de las Tres Caídas. Federico asiste a las primeras chicotás desde el interior. Luego acompañan a la Estrella en su triunfal discurrir por el barrio. Llegan los días grandes. La pandilla disfruta del Jueves y Viernes Santo con esa ‘bisagra de poderío estético que es la Madruga’. El Jueves Santo Federico se interesa mucho por la hermandad de los Negritos. Según esta narración, el arzobispo les había retirado aquel año las reglas y no hacen estación de penitencia. En este capítulo Reina retrata a Federico en el interior de la capilla y se permite la licencia de imaginarlo recitando un famoso fragmento de Poeta en Nueva York dedicado a los negros. Se siente cercano a las minorías marginadas y a sus expresiones artísticas. Tanto a los gitanos y el flamenco, como a los negros y su jazz.
Según el autor del libro, García Lorca se sintió efectivamente muy impresionado por la Virgen de los Ángeles.

‘Él tenía una fijación con el tema angélico. Le escribe un poema a Córdoba, Granada y Sevilla personificados en los arcángeles San Rafael; San Gabriel con Sevilla y San Miguel con Granada.
   
El Gran Poder el Viernes Santo / ABC DE SEVILLA
El Gran Poder el Viernes Santo / ABC DE SEVILLA


Federico en la Madrugá
Metidos en la noche más hermosa de Sevilla, ven el Silencio; en San Lorenzo al Gran Poder. Aquí Manuel Reina dibuja una conversación entre Federico y Juan Ramírez sobre la talla de Juan de Mesa. ‘Lo del Gran Poder es una manera andaluza de expresar cuando uno no puede más. Como cuando Jesús se sintió desfallecer con el peso del madero…e hizo un podé; el gran esfuerzo para seguir adelante’. El autor del libro se toma aquí una pequeña licencia relacionando la escena con los malos tiempos que se avecinaban. Dice García Lorca: ‘…si yo no estuviera contigo, Juanito, júrame que harás un podé. Y sin ser capaz de hablar, estremecido, asentí con la cabeza, mientras pasaba el Cristo’, concluye este fragmento de la narración.

Tras el estremecimiento ante el Señor de Sevilla, cruzan el puente para salir al encuentro de la Esperanza. La ven abandonar San Jacinto entre el jolgorio de ‘guapa, guapa…’ Se sorprenden cuando desde los balcones le lanzan pétalos de flores… La siguen hasta el otro lado del puente. Juan Ramírez describe que se vio sorprendido por el gran fervor del poeta ‘con su emoción a flor de piel de nuevo. Creo que esa era una de las razones de su éxito: que él sentía al pueblo sin falsos paternalismos, como algo suyo, y al mismo tiempo se sentía parte de él y valedor de los más desfavorecidos.”

Y de Triana a la Macarena. Juan Ramírez narra que estaba ya muy avanzada la Madrugá sevillana cuando se acercan ‘a los aledaños de la catedral. El cansancio de tantos días y tantas horas no había causado mella en nosotros. Murube insistió en llegar a la plaza Virgen de los Reyes para ver salir a la Macarena, la otra Esperanza de Sevilla, de la iglesia mayor hispalense’. Y pone en boca de Federico ‘Mirad esa belleza de reina andar con torería. Como si estuviese haciendo el paseíllo’. Justo en ese momento se vieron sorprendidos con la presencia de Rafael de León.

Según el autor del libro, a Federico ‘lo que más le llega es el Gran Poder y las dos Esperanzas. García Lorca se jactaba y decía que qué suerte que Sevilla tenga dos Esperanzas cuando las personas en su vida solo tienen una’. Esta visita a Sevilla concluye con una fiesta campera, el Domingo de Resurrección, en la finca del anfitrión Romero Murube de la que existen testimonios gráficos que se conservan en la Fundación del poeta en Madrid.

La tumba de Joselito el Gallo / ABC DE SEVILLA
La tumba de Joselito el Gallo / ABC DE SEVILLA


La tumba de Joselito, altar improvisado para la Macarena
La novela incorpora una de las leyendas que durante años estuvieron circulando por la ciudad acerca de uno de los refugios de la Macarena durante los primeros años de la República. Manuel Reina afirma que la Virgen de la Esperanza estuvo realmente oculta en el mausoleo de Joselito el Gallo y que existen fragmentos del diario de Sánchez Mejías que lo confirman. Por eso cuenta que, ante los sucesos que se venían registrando en algunos templos, el párroco de San Gil en connivencia con los responsables de la hermandad y el torero deciden retirar del culto a la Virgen y ocultarla de una forma muy particular. El autor pone el relato en boca del poeta de Fuentevaqueros. Federico narra que, alertado por el sacristán de la parroquia y a través de muchos comunistas de aquel barrio rojo que eran devotos de la Esperanza, el sacerdote se pone en contacto con Sánchez Mejías para comentarle que algunos radicales querían asaltar el templo.

El torero indica al párroco que se llevase a la Macarena a su casa y que él mismo iría a buscarla para esconderla oportunamente esa misma noche. El torero llegó a casa del cura con unas ropas viejas y gastadas, con la cara manchada de cal y restos de polvo. Le había pedido a un amigo suyo el carro de reparto de mármoles con sus mulas. Se encontró la imagen de la Esperanza Macarena metida en la cama, como una mujer dormida. La sacaron envuelta en unas sábanas y la escondieron bajo los yesos del carro.
Continúa la narración diciendo que “…condujo el carro hasta el cementerio de San Fernando, ante la soledad del camposanto, llevó la carreta hasta donde estaba enterrado su cuñado.

Abrió con las llaves que poseía y bajando las escaleras introdujo allí a la Virgen, dentro del sepulcro. La colocó en un improvisado altar, en una de las hornacinas, en el que no faltaron flores ni velas. Durante cerca de tres meses, hasta que las aguas se calmaron, estuvo yendo allí a refrescar sus flores y encender sus velas. Una narración con la que el poeta en la novela pretendía rebatir a Murube, mostrando que la piedad y la devoción no eran patrimonio de unos pocos. Lo que dentro de una novela resulta un relato emocionante no tiene por qué ser cierto. En la hermandad siempre han desmentido esta historia y el biógrafo de Ignacio Sánchez Mejías, Andrés Amorós, profesor catedrático de Literatura en la Universidad Complutense de Madrid desmiente la veracidad de esta historia. La realidad histórica de los lugares donde estuvo oculta la Macarena y otras imágenes durante esos complicados años supera a la ficción, pero la ficción, en ocasiones como esta, no deja de ser hermosa. Y en esa realidad que es el universo poético de Federico García Lorca, tuvo un hueco especial la Virgen de la Esperanza. Y también en su corazón. En mi vaso la luna redonda, ¡diminuta!, se ríe y tiembla. Pepín: ahora mismo en Sevilla visten a la Macarena. Pepín, mi corazón tiene alamares de luna y de pena.
De la revista número 51 de Pasión en Sevilla, noviembre de 2012.

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